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Hombre de Dios: Caminando por Fe


 

La tortuga siempre gana. Relee la historia mil veces y al final siempre sucede lo mismo: la lenta tortuga resulta victoriosa.


Esta historia atemporal comienza con la tortuga y la liebre compitiendo una contra otra. La rápida liebre se burla de la tortuga por ser tan lenta. Cuando comienza la carrera, la liebre corre a toda velocidad y se adelanta mucho y luego se sienta a tomar una siesta. La tortuga, mientras tanto, avanza con dificultad lentamente, paso por paso. Este patrón continúa—la liebre corriendo a toda velocidad y durmiendo, la tortuga avanzando lentamente hacia adelante—hasta que al final la liebre se levanta de una siesta justo a tiempo para ver a la tortuga en la distancia, cruzando la línea de llegada. No importa cuántas veces vuelvas a leer la historia, la tortuga siempre gana.

Llegando a lo esencial

¿Cuál de los dos personajes ilustra mejor tu horario diario, tu estilo de vida? ¿Eres como la rápida liebre, corriendo a toda velocidad por tu lista diaria de cosas por hacer? O ¿Eres más bien como la tortuga de paso constante, moviéndote metódicamente por tu horario a un ritmo más sostenido?


Con frecuencia nuestras vidas diarias se parecen al ritmo de la liebre: el chillido estridente del reloj de alarma nos despierta y comienza la carrera diaria. Vestirse y alistarse antes que cualquier otra persona esté levantada. Llevar algo para comerlo en el auto a manera de desayuno. Tomar la salida de la carretera, pidiendo a Dios rápidamente su bendición para el día, mientras se pela una banana y se explora el camino para ver cómo está el tráfico—todo al mismo tiempo. Carreras en el trabajo, del trabajo al almuerzo, y luego correr a casa para una cantidad de actividades vespertinas. Cuando el día finalmente termina, leer a toda carrera unas pocas páginas de un libro, apagar la luz, apurar una rápida oración y luego a dormir, contando ovejas mientras se repasa el día.


Aunque muchas veces nuestros horarios diarios pueden parecerse al de la liebre, nuestro Señor quiere que caminemos con él para que nuestro camino se parezca mucho más a la carrera que corrió la tortuga. Caminar con Dios por fe no es una carrera. Es más como un maratón. La palabra de Dios nos anima a hacer el viaje con él día a día, año a año, despacio y metódicamente volviéndonos más como Jesús. Escucha estas palabras de ánimo: “Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40:31).


“Caminarán, y no se fatigarán” dice la Biblia. ¡Nosotros caminamos por fe! Esperar al Señor muchas veces termina siendo un proceso lento. Esperamos respuesta a nuestras oraciones; esperamos los dones de sanidad de Dios; esperamos que nuestros seres queridos lleguen a la fe. Seguimos esperando al Señor cuando caminamos en fe, especialmente cuando nuestro camino nos lleva por los valles oscuros de la vida.


Este caminar lento y diario con Dios puede fortalecernos para el acelerado ritmo de la vida diaria. Mientras esperamos al Señor, él renueva nuestra fuerza. Él hace posible que corramos la carrera como esposo, padre, hermano e hijo sin cansarnos. Bien sea que tu horario diario exija una carrera o simplemente te invite a dar un paseo, tu Señor te promete darte fortaleza para tu viaje. Bien sea que tu horario diario sea dale, dale, dale o despacio, despacio, despacio desde el comienzo hasta el final, Dios renovará tu fuerza. Tortuga o liebre, él te dará la resistencia que necesitas para sostenerte en tu camino.


No es tu fuerza; es la fuerza de Dios. No es tu resistencia; es la resistencia de Dios. En Cristo Jesús, mediante la muerte y resurrección de Jesucristo, Dios te ha dado vida nueva. ¡Corre con ella! Comparte las verdades que has aprendido. Recurre a la fuerza que proporciona. Da del amor que has recibido.